10.1.08

Tres pasaportes


Los papeles, los documentos se me aparecen cada tanto tiempo, meses por lo general, años a veces. Los pensaba perdidos, hasta que volví a encontrarlos: mi madre los había escondido en su archivero, dentro de un cartapacio anodino destinado a los recibos de luz o de agua. Llegaron a mí, los papeles, cuando tenía 21 años o estaba por cumplirlos. De toda la información que contenían, el dato que más llamó mi atención fue el nombre: Jean Elizabeth. Luego, su fecha y su lugar de nacimiento: 19 de julio de 1950, en California. Yo nací el 8 de agosto de 1970, en San Antonio, Texas, cuando ella tenía 20 años recién cumplidos; hoy, tiene o tendría 57, una mujer joven aún. De acuerdo con uno de los documentos, escrito a máquina, fui dado en adopción dos días después, aunque fui entregado a mis padres el 16 de octubre de ese mismo año. Fue entonces que me nombraron David y que me sumaron a su propio origen, a través de sus dos apellidos, Miklos Landesmann. Los meses anteriores a que se consumara mi adopción no tenía nombre, era, sin más, Baby Boy, aunque en el documento hay una denominación borrada, quizás el apellido de mi madre biológica, tal vez el nombre temporal que ella o alguien de la agencia de adopción, la Texas Cradle Society, me otorgó. Hay muchos más datos en esos documentos, algunas de las formas están rellenas a mano, quizá con el manuscrito de la propia Jean Elizabeth o de alguien que la asistió. De mi padre biológico la información es sucinta en extremo, un nombre, Steve, y cuatro palabras sobre su carácter. Nada más que eso, lo que me hace pensar que no fue más que una fugaz escala en la vida de Jean Elizabeth, tal vez nunca se enteró de mi concepción, pero esto, en realidad, es irrelevante, además de que nunca lo sabré. Entre los muchos datos, mi historia sociomédica, aparecen los nombres de mis abuelos maternos biológicos, Ernest y Margaret, 50 y 46 años, y de los cinco hermanos de Jean Elizabeth, Carol Ann, Barbara Sue, Ernest, Mary Louise y Steven Michael, de 24, 21, 15, 11 y 6 años, mis tíos biológicos. Hay más información, enfermedades, datos que muestran que Jean Elizabeth no podía llevar un nuevo miembro a la familia de la que, esto es evidente, ella se hacía cargo: su padre, un oficial retirado de las fuerzas aéreas, había perdido ambas piernas; su madre, ama de casa, se encargaba del resto de sus retoños. La única que trabajaba en la familia era Jean Elizabeth, empleada como agente en una oficina de expedición de pasaportes. Supongo que sus ingresos se sumaban al cheque que la fuerza aérea le entregaba mensualmente a su padre. Hoy que me encuentro los papeles de nuevo reparo en un dato que había pasado por alto: Ernest, mi abuelo biológico, era alemán e irlandés de origen; Margaret, mi abuela biológica, francesa. La casualidad me sorprende: Monique, mi madre, nació en Francia, hija de alemanes. Gracias a ella, tengo la nacionalidad y el pasaporte franceses. Y, como nací en Estados Unidos, gozo de la ciudadanía y el pasaporte americanos. Tengo el pasaporte mexicano y aquí vivo porque aquí nació Tomás, mi padre, hijo de húngaros. Soy, legalmente, mexicano por nacimiento. Pienso en Jean Elizabeth expidiendo pasaportes, pienso en si pensaría, en si pensará, aún, en mí. Guardo de nuevo los papeles, los documentos, junto con mis tres pasaportes. La próxima vez que viaje, daré de nuevo con ellos. Ya veré qué sorpresa me deparan entonces.

9 comentarios:

Edna dijo...

Estimado David,
Llegué a tu blog por casualidad y
nada más de leerte, se me ha enchinado la piel.
Y por supuesto, tenlo por seguro, que siempre pensará en ti. Pero, lo más maravilloso e importante son los padres que tienes. Claro, que es imposible en no pensar en tus orígenes. De cierta manera te entiendo, yo tengo a mi papá (padrastro) que para mi es mi papá verdadero y nada más.

Saludos y, seguramente te leeré. Tu blog me parece estupendo.

Saludos

Edna

duke dijo...

Hermosa casualidad la de los pasaportes. Jean Elizabeth expidiendo y entregando pasaportes y tú como si los hubieras recibido de su mano, de manos de tus parientes. El pasaporte la puerta abierta a otra dimensión. También el registro de lo trágico y hermoso de una vida.

Saludo,


D

Guillermo dijo...

Baby Boy.

pandoukht dijo...

Tres pasaportes, pero en la foto se ve otro, un pasaporte húngaro. Ya me sorprendió encontrar tu apellido magiar entre los autores de El futuro no es nuestro mientras buscaba relatos para traducirlos al húngaro, y aquí tengo la explicación, tu historia.

Mucha suerte y un saludo,

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Domingo dijo...

Hola David,

sólo ahora acabo de leer tu interesante historia y me quedé con la pregunta de por qué precisamente presentaste (sólo) el pasaporte húngaro: por ser el del apellido que llevas (Miklos)? Por tu padre? Por alguna vinculación con la hungaridad? O por ser el más exótico de los tres? Me gustó mucho tu texto, porque encontré en él muchos paralelismos conmigo mismo: por parte paterna soy de origen chino (Lilón), por la materna, de origen vasco (Larrauri). Por haber nacido en Santo Domingo (RD) soy dominicano y tengo mi pasaporte dominicano; en Hungría obtuve la ciudadanía húngara y siempre he pensado en solicitar el chino, porque me siento muy cercano a la cultura de mi padre. Es sólo un comentario. Voy a leer tu obra literaria para darla a conocer en Hungría.
Un saludo desde Pécs, Hungría,

Domingo

David Miklos dijo...

Estimado Domingo,

mis abuelos eran húngaros y mi padre, apenas ahora, acaba de hacerse húngaro también (él nació en México, hace 70 años). Así las cosas, yo podría hacerme húngaro también, cosa que ha sucedido en sueños. Elegí esa carátula de pasaporte (un pasaporte ajeno, encontrado vía Google) más como juego que otra cosa, además de que es un pasaporte extinto, ya que los húngaros, lo sabes bien, son pasaportes con carátula borgoña y no azul, ahora que Hungría es parte de la nueva Europa comunitaria.

Gracias por asomarte a este sitio: será un honor que leas mi obra.

Muchos saludos,

David.

Domingo dijo...

Estimado David,

gracias por la respuesta. Como bien escribes, los nuevos pasaportes húngaros tienen la carátula borgoña, aunque todavía esté vigente el azul (mi esposa y dos de mis tres hijos no lo han cambiado aún). Si alguna vez vienes al país de tus abuelos y de tu padre, y quieres conocer la Provincia de Baranya, con su hermosa capital, Pécs, su Catedral, la primera universidad húngara (1367), la Universidad de Pécs (donde laboro como profesor titular ya dos décadas), con su famosa ruta del vino de Villány, unos caldos tintos con cuerpo, y otras cosas más, no dudes en contactarme. Con mucho gusto te serviría de anfitrión. Otra cosa: no sé si te interesa el tema de la "hungaridad". Por curiosidad o algo así. Junto con un colega húngaro (Ferenc Fischer, precisamente mi jefe por ser el decano de nuestra Facultad de Humanidades) coordinamos un Grupo de Investigación financiado por la Academia Húngara de Ciencias sobre el tema "La imagen de Hungría en Iberoamérica", sobre el cual hemos organizado dos seminarios internacionales (el próximo será este mayo de 2009) y publicado dos libros (actas de las ponencias presentadas), ejemplares (en castellano) que con mucho gusto te enviría si te interesa.
Sin más, un saludo desde Pécs,

Domingo

David Miklos dijo...

Estimado Domingo,

hace 10 años editaba una revista llamada El Huevo. Un día, recibo una llamada: el embajador de Hungría en México. Concertamos una cita. Y me pregunta lo mismo que tú: que si me interesa el tema de la hungaridad, atender mi raíz magiar. Le dije que sí. Me dio varios libros. Y, para hacerte el cuento corto, acabé, un año después, en Budapest. Allí vi al embajador, que ya había vuelto al ministerio, y me llevó a pasear: le dimos la vuelta al Balaton. Un día muy agradable. Tanto que terminé por dedicarle mi tesis de licenciatura a Hungría y su integración a la Unión Europea. Así las cosas, sí, sí me interesa, mucho el tema de la hungaridad. Podemos continuar el diálogo a través del correo que aparece en mi perfil, si te parece.

Un saludo afectuoso,

David.

Domingo dijo...

Estimado David,

te envié un mensaje a tu correo electrónico. No sé si lo recibiste. Si quieres, envíame tu dirección postal y te enviaré un ejemplar de nuestros dos últimos anuarios sobre la "imagen de la hungaridad" en Iberoamérica.

A propósito, has leído el cuento del norteamericano Ethan Canin "Batorsag and Szerelem" que aparece en su libro The Palace Thief (Random House, NY, 1994)?

Un saludo desde Pécs,

Domingo Lilón