20.12.07

Luto por el pequeño emperador


Hoy, hacia las tres de la tarde, murió Frankie 24, también conocido como el pequeño emperador, apodo que le puso mi amigo G. Si los cálculos no me fallan, Frankie 24 nació el 22 de abril de este mismo año; en dos días más, el 22 de diciembre, hubiera cumplido 8 meses. Era un gato muy cariñoso, aunque, carácter felino por excelencia, muy celoso de su amo y de su territorio. Las últimas semanas tuvo que acostumbrarse a la aparición del amor en mi vida, encarnado en MP, una mujer maravillosa a la que Frankie 24 aprendió a querer muy velozmente, con cierta ayuda de algunas rebanadas de jamón. Desde que lo adopté-usurpé de una casa de madera sita en la calle de Holbein, se alimentó felizmente de Whiskas para gatitos. Nunca le gustó la leche. Llegó a probar el melón. Alguna vez comió pollo. A Frankie 24 le gustaba jugar con un par de finger-puppets: Freud y su diván. También mordisqueaba, casi sin tregua, a un koala gris de peluche. Meses antes, se divertía mucho con seis pelotas que le regaló G, aunque a fechas recientes ya no lo entretenían tanto. Casi todas las mañanas, cuando yo abría la llave de la regadera, Frankie 24 entraba al baño a tomar agua y hacerme compañía; nunca le importó mojarse un poco. Solía dormir largas horas junto a mí, aquí, en su cama, ubicada junto a la silla sobre la que escribo y trabajo, en el comedor del departamento. Todas las mañanas me recibía ronroneando. También ronroneaba cuando yo volvía a casa. Reclamaba mucho mi atención. Le gustaba caminar sobre las paredes, dando brincos delirantes. Rompió las bocinas de mi equipo de sonido, mordisqueó una litografía que quiero mucho, rasguñó varios de mis mejores libros, le metió varios zarpazos al estuche de mis lentes oscuros, no llegó a arruinar los sillones en los que afilaba sus uñas (decidí no cortárselas). Sus colmillos de leche cayeron en mis manos. Aprendió a morderme con sus dientes nuevos. Le gustaba frotar su nariz contra la mía y lamerme con su lengua rasposa. Disfrutaba mucho cuando lo alzaba y lo llevaba a la ventana a ver las luces de la ciudad. Dormíamos siestas en el sillón de la sala. Veíamos series de televisión juntos. Alguna vez tiró un vaso de whiskey y una copa de vino tinto y se emborrachó. Sólo se enfermó una vez. Recibió todas sus vacunas menos una: la de la leucemia felina. Fue operado para no reproducirse ni marcar la casa ni convertirse, nunca, en un gato adulto. Frankie 24 estaba destinado a ser un gato bebé, siempre. Su muerte fue accidental y le quitó sus nueve vidas de tajo. La primera foto, allá arriba, es del 14 de mayo, día de su adopción; la última, aquí abajo, de ayer. Larga vida al pequeño emperador, Frankie 24 (22 de abril-20 de diciembre de 2007).

4 comentarios:

Adriana Degetau dijo...

Noooooo!!!
Lo siento!
Frankie!

Rax dijo...

:(

Rodrigo dijo...

Tuve oportunidad de conocer a distinguido personje. ¡Requiem por él!

Fernando Garcia dijo...

David un abrazo grande. Nunca conocí al emperador pero de verlo en fotos me cayo bien. De hecho, he de decir, que sus imagenes me metieron la curiosidad de tener de nuevo un minino.
Es impactante el vacío que dejan los gatos, como cualquier mascota -me imagino, al irse. Así que va de nuevo ese abrazo.