22.12.07

La muerte del gato, mi gato


A la memoria de Frankie 24

La imagen del gato muerto me acosa. Mi gato. Muerto. Yace allí, sin vida, sobre la coladera del estacionamiento. Sus ojos, antes amarillos, a ratos ocre, han vuelto a ser azules, como cuando tenía apenas tres o cuatro semanas de nacido. Pero la mirada ya no es límpida, transparente: cubre al ojo que se mantiene abierto una capa rugosa, todo es borroso en su interior. La posición del cuerpo es plácida. De reojo, parece que el gato, mi gato, toma el sol. Da la impresión de haberse lamido hace poco, una de las patas aún humeda. Ya de cerca, descubró la boca entreabierta, la mandíbula inferior levemente fracturada, el asomo de la lengua. No hay sangre a la vista. Toco al gato, mi gato. Está caliente. ¿Por fuera, efecto del sol que pega sobre su pelambre aún brillante, o por dentro? Alzo el cuerpo, flácido aún. El gato, mi gato, no opone resistencia, casi se escurre entre mis manos, tengo que abrazarlo contra mí para que no caiga al suelo. Las patas cuelgan, la cola. Y la cabeza. Lo hago un ovillo, intento no mirarlo más, lo presiono contra mi cuerpo. No respira, el gato, mi gato; su corazón no late más, es el mío el que provoca la ilusión de vida, el que insufla de pulso al cuerpo inerte, tibio, inánime. Subo los seis pisos, remonto la caída del gato, mi gato. De nuevo arriba, el cuerpo se mantiene impasible. Dejo al gato, mi gato, sobre un escalón: no entrará más a la casa, su casa. Salgo con una caja y meto el cuerpo en su interior. Cierro la caja. Aviso de la muerte del gato, mi gato, a la mujer que amo. Sus palabras me consuelan, pero sigo inquieto cuando cuelgo. No siento dolor aún, sólo ansiedad. Sigo el consejo de la mujer que amo, marco el número del veterinario del gato, mi gato, y pregunto si pueden incinerarlo. Me responden que sí, me informan del costo. Digo que salgo de inmediato a dejarles el cuerpo, abro la puerta de la casa. La caja sigue en la entrada. No cruzo el umbral, desando mis pasos, me hago de una bolsa de basura, negra. Regreso a la entrada, abro la caja, saco al gato, mi gato, y lo introduzco en la bolsa, el cuerpo de nuevo extendido, tibio aún; vuelvo a hacerlo un ovillo, lo meto de nuevo en la caja, la cierro. No la abriré más. Pienso en el encargado del incinerador. Deseo que abra la caja y mantenga la bolsa cerrada. No quiero que nadie más mire al gato, mi gato. Cierro la puerta, me pongo los lentes oscuros, tomo el elevador a la planta baja, no suelto la caja ni un instante. En la calle el sol brilla, casi quema. Camino entre los vivos, el gato, mi gato, muerto al interior de la bolsa al interior de la caja. Ningún transeúnte repara en mí, nos cruzamos sin decir palabras, sin intercambiar gestos, extraños en una misma ciudad, ajenos al devenir cotidiano de los que nos rodean, ignorantes de la muerte de los gatos, nuestros gatos.

10 comentarios:

nacho dijo...

Que pena... una noche envenenaron a nuestro perro, un pastor alemán muy noble y obediente, sufrió mucho y vivió sedado sus últimas 12 horas, el veterinario no logró salvarlo. Mi esposa lloró mucho y yo me sentí abatido e impotente por semanas, mis hijos eran demasiado pequeños entonces y hoy apenas lo recuerdan. Como con tu Emperador, me consuelan las fotos.
Lo siento.

Grisdel&Amyrah dijo...

Sr. Miklos,

Mis más sentidas condolencias por su pequeño emperador, quien por cierto era muy joven aun..

Au dijo...

Siento mucho lo de el gato, tu gato.

elena arce dijo...

Recién leo la historia del gato que se fue en diciembre. Mi perro murió en junio y dos meses después el gato que lo acompañaba dejó de respirar. Quizá murió de tristeza, quizá se enfermó, no lo sé... Por doce años estuvieron juntos, cerca de mí. Decidí no tener nunca más una mascota por que duele y el vacío quema.
Pese a mis negativas recién vino a casa un minino amarillo; brinca, araña, muerde, y plácidamente duerme sobre mis piernas por horas. Lo empiezo a incluir en mi vida... ¿qué hacer cuando algún día no esté? ¿y si yo me voy primero...? ¿será el gato el que tenga que incinerarme...??
La muerte es un misterio y estos seres que no nos hablan dejan su presencia en nuestro cuerpo.

Francisca dijo...

Hace dos dias perdi a mi gato de 11 años. El consuelo que me han dado muchos amigos es que se dice que cuando los gatos van a morir lo presienten y se van de su casa. Estaba googleando que tan cierto es esto y me encontre con este texto en tu blog.
Solo puedo decirte que te consueles con que pudiste recoger su cuerpo e incinerarlo. Mi gato, después de haber sido regaloneado, malcriado y muy amado por 11 años, va a terminar muerto en la calle y probablemente botado en la basura. No te imaginas como nos duele eso a mi familia y a mi.

Francisca dijo...

Hace dos dias perdi a mi gato de 11 años. El consuelo que me han dado muchos amigos es que se dice que cuando los gatos van a morir lo presienten y se van de su casa. Estaba googleando que tan cierto es esto y me encontre con este texto en tu blog.
Solo puedo decirte que te consueles con que pudiste recoger su cuerpo e incinerarlo. Mi gato, después de haber sido regaloneado, malcriado y muy amado por 11 años, va a terminar muerto en la calle y probablemente botado en la basura. No te imaginas como nos duele eso a mi familia y a mi.

gatuna dijo...

Lamento muchìsimo lo de tu gato. Duele como si arrancaran el alma. Acaba de pasarme lo mismo que a Francisca: Mi adorado gato, mi compañero de 13 años desapareció hace tres dias y me parte el alma pensar que está muerto tirado en la calle, herido, pasando hambre, etc. Siento como si le hubiese fallado.
Un abrazo

dimagama dijo...

yo estoy muy triste, acabo de perder a mi Juny, sólo tenía 6 meses y murió envenenada...
todo me la recuerda, ella me alegraba tanto

Johana dijo...

ayer me mataron mi gatica... su nombre era Brithney y la enveneno mi vecina, lo que me da mas tristeza es darme cuenta que hay personas tan incultas que todavia no se han dado cuenta que nosotros estamos aqui para cuidar al resto de los seres vivos... no para hacer hacerles daño... el texto es muy lindo y describe exactamente lo que vivi ayer.

Cristina dijo...

A mí se me han muerto una gata adulta, vino ya mayor (Hermione) y varias camadas de gatitos.
Pero la que más me dolió fue la muerte de Hermione, era una gata muy buena si, por ejemplo, le decías que no subiera a la encimera, lo hacía.

Sin embargo, hoy se me ha muerto una gatita, que era preciosa: casi todo el cuerpo blanco, menos la mitad de las orejas y el rabo y las patas que eran grises.

Me hubiera gustado que viviese, porque era la única gata que ha tenido Dina (una de las hijas de Hermione) en esta última camada.