16.1.09

Sada, Casi nunca

Alcanzo la mitad de Casi nunca (México: Anagrama-Colofón, 2008), la novela más reciente --y acaso la más accesible y, encima de todo, la mejor-- de Daniel Sada (Mexicali, 1953). Allí donde Porque parece mentira la verdad nunca se sabe (México: Tusquets, 1999), su aparente opus magnum, significaba una afrenta de lectura, Casi nunca se deja leer sin más que pleno goce --y gozo-- literario --aunque confieso que pude entrarle hasta el tercer intento, en el que todo fluyó, finalmente--. Sin más rodeos: Sada sabe lo que es un clásico y su listón está, no exagero, por debajito de Shakespeare y demás, aunque no supera a Yáñez, Rulfo, Arreola e Ibargüengoitia --a todos ellos en conjunto, como quiere el raramente superlativo Christopher Domínguez Michael en su reseña de la novela--, sino que se suma al panteón de nuestras mejores letras (no sólo mexicanas, sino de la lengua). En fin. Diez años después, entendemos que la verdad, aunque parezca mentira, casi nunca se sabe: pronto reseñaré a Sada en forma. Ahora nada más quería compartir mi entusiasmo. ¿Y el Herralde? Eso, francamente, es lo de menos, y no hace falta ahondar en esas aguas: leamos Casi nunca sin etiquetas ni premios. Comprendamos, por fin, a Sada y su grandeza --bravo, pues--, su capacidad de hacer de una historia menor literatura mayor. Condición humana en estado puro: sí: ¡faltaba más! Ahora, a darle a la segunda mitad, no más distracciones.

7 comentarios:

Guillermo Núñez dijo...

Puro alivio.

Paola dijo...

Celebro que te haya gustado la primera mitad de Casi nunca, la segunda te va a gustar aún más, lo presiento... es cierto que haber ganado el Herralde no lo hace mejor escritor, Sada YA era y es un grande, pero ¡caramba! tampoco está mal que le den un reconocimiento a su novela ¿no? hoy él, mañana tú, y seguramente, aunque sea el Herralde, que parece provocarte desagrado.

Paola dijo...

¿Qué tiene de malo el Premio Herralde, querido David? Tú eres novelista, ¿acaso te disgustaría ganarlo?

David Miklos dijo...

Así es, Guilli: puro alivio: ¡sí!

Paola: no dudo que Casi nunca se ponga mejor. Al rato le sigo. Y no, el Herralde no me provoca desagrado, simplemente creo que hay que leer los libros en sí mismos, más allá de los reconocimientos que obtengan, aunque ciertos reconocimientos, claro, le den mayor proyección a esos libros. Confieso que me parece uno de los mejores Herraldes en mucho tiempo, eso sí. Salud.

David Miklos dijo...

Más que ganarme el Herralde, querida Paola, me gustaría escribir otro libro más, mejor, subir el listón, apagar el mundanal ruido y, ya luego, libro en mano, dejarlo correr sobre su propio curso, encontrar sus meandros más justos, acaso el Herralde o el Tusquets o ningun premio entre ellos. Pero antes que nada, escribir, atender las voces que insuflan de vida la narrativa, voces que vienen de muy lejos. Saberlas escuchar. Y ya. Así de esquizofrénico como suena.

Eduardo Montagner Anguiano dijo...

Así es, David, concuerdo, concuerdo. Releo la novela de Daniel y no deja de parecerme sublime. Por lo que pusiste, la reseña que anuncias estará muy bien. Y también concuerdo con lo que dices de la esquizofrenia de buscar las voces hasta hallarlas, que a ti se te da mucho (estoy empezando La hermana falsa gracias a Jaime Mesa) y veo desde ya cómo fluyen las voces creando en efecto una trilogía delicada y personal. Un cuarteto, justamente; concuerdo aquí también. Ah, me divirtió mucho la descripción anatómica del salmón que pones en japonés aquí abajo. Salmón se dice "sake" en japonés: sí, igual que la bebida. Salud entonces!

David Miklos dijo...

Eduardo, qué bueno que te asomas por acá. Terminé de leer Casi nunca: me fascinó. Ya escribí la reseña. Tardará unos meses en aparecer, pero yo te aviso. Hace mucho, en serio mucho tiempo, que un libro mexicano no me entusiasmaba tanto. Puro alivio, ¿no? Ya me dirás qué piensas de La hermana falsa, que a mí ya se me olvidó esa novela: ando en otra, ahora, y no termino de domeñarla. Brindo con sake, también: salud, amigo. Y un abrazo.