10.1.09

Historia, Mishima, Fertilidad

Leo, lenta, pausada, interrumpidamente Nieve de primavera, primero de los cuatro tomos del Mar de la fertilidad (1968-1974) de Yukio Mishima (1925-1970). Es muy distinto a cualquier cosa que he leído. Y lo disfruto así, a cuentagotas, como disfruto mi taza matutina de té. Apenas antes de ayer hice subrayados en el libro, por allí de las páginas 120-125. Entresaco lo que sigue de una discusión entre los muy jóvenes Shigekuni Honda y Kiyoaki Matsugae, protagonistas ulterior y principal del libro, respectivamente:
¿Obedece la Historia alguna vez a la voluntad de los hombres?

La Historia es un testimonio de la destrucción. Siempre hay que dejar espacio para el siguiente cristal. Para la Historia, construir y destruir son la misma cosa.

Hay una sola forma de participar en la Historia, y es la de no tener voluntad en absoluto, de funcionar sólo como un átomo hermoso y resplandeciente, eterno e inmutable. Nadie debe buscar otro significado en la existencia humana.
Una pregunta y un puente hacia una respuesta, pienso. Y pienso todo esto ahora que el Estado de Israel deja su destructiva marca en la Historia. Mejor seguir con Mishima, fingir que no se escuchan caer las bombas en Gaza.

5 comentarios:

Vikram Dharma dijo...

Esto es estremecedor. Quiero leerlo ya. Eso mismo digo: una partícula hermosa. Por eso mi madre, como no entiende a Mishima, siempre me anda queriendo poner a trabajar. El contradiscurso: Debes ser alguien en la vida. Qué ignorante. Gracias David. Gracias, Yukio.

Doug dijo...

Me recuerda al;gunas enseñanzas de la India que J.D. Salinger trata de seguir. Y que seguramente Schopenhauer también leyó:

Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre. La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir.

Y así sucesivamente por los siglos de los siglos, hasta que nuestro planeta se haga trizas.


Digo nomás. Ojalá nadie se ponga rabioso.

Un saludo, David, Vikram.

monserrat loyde dijo...

Me gusta el nuevo salto del salmón sobre la hoja en blanco con letras de máquina de escribir mecánica. Se lee tu texto muy limpio.
¿viste el mensaje en el feisbuk sobre las dos pelis japonesas? En verdad valen mucho la pena.
Saludos.

David Miklos dijo...

Gracias, Monse. Vi, según yo y de muy niño, La mujer de arena en su versión fílmica. El Mishima de Schrader muero por verlo: quería comprarlo, pero los dvds de Criterion, en México, son ya prohibitivos. Gracias Doug y Vikram por sendas visitas. Abrazos para los tres.

Isaac G./Rvben Fventes dijo...

Espero pronto leer ese libro de Mishima... me recordó un poco la mirada melancólica de W. Bejamín y ¿Quién hará lo que nos toca?

saludos