21.4.08

Sobrevive (anula al otro) y vencerás

Es probable que la carrera presidencial demócrata ya esté decidida, incluso antes de las elecciones primarias de Pennsylvania, que tendrán lugar mañana. La feroz lucha entre Hillary Clinton y Barack Obama deja mucho que desear. Por un lado, la actitud de superioridad moral del segundo (que tiene altura, pero quizá no tanta humildad como desearíamos); por el otro, la capacidad (auto)destructiva de la primera, su ánimo de bulldozer. Una cosa queda clara: a John McCain le están poniendo la presidencia en el plato. Ya se sabe: divide y vencerás. Y McCain no ha tenido que mover un solo dedo: Obama y Clinton han hecho el trabajo por él, debilitando al partido demócrata en su deleznable lucha intestina. La gente que apoya a Clinton odia a Obama; y viceversa. Si el candidato apoyado no obtiene la nominación, ¿qué sucederá? ¿Se apoyará al otro o se optará por la otra vía, ajena al partido al que se dice pertenecer? (Asomarse aquí, a la columna de Bob Herbert en el New York Times.) Algo se esclarece: la democracia, sobrevalorada, ha cruzado su propia frontera y deja de ser el fin último de las sociedades bienpensantes. (Asomarse, en otro aparente tenor, a la columna de María Amparo Casar en el Reforma, hoy; no pongo el vínculo porque se necesita contraseña. La copio a pie juntillas.) Imperan la competencia, los estragos de la lucha por el poder, la minimización del otro. Y uno se pregunta adónde quedó aquella consigna de hermanos en armas, united we stand, united we fall. No más: you fall, I stand. Así la democracia, así las cosas.

Dialogar o amagar
María Amparo Casar
Reforma, 21 de abril de 2008

Hay poco más que añadir al significado de que el Congreso lleve 10 días clausurado; a la indignación de ver silenciada la tribuna parlamentaria por una minoría; a la condena generalizada de una conducta que no cabe en una democracia.

No queda entonces sino intentar una explicación. Una explicación basada en la racionalidad de quien comanda estas acciones. Una racionalidad en la que los medios se ajustan a los fines. Unos fines abiertamente declarados. Unos medios que se apartan de la racionalidad democrática.

Los fines declarados: "acabar con la República simulada", reventar el sistema político, provocar el fracaso del gobierno del espurio Calderón.

Los medios: los que hagan falta. Paralizar la ciudad durante 40 días, convocar a una huelga legislativa, clausurar el Congreso, destruir a su propio partido, polarizar a la sociedad.

La racionalidad: sobrevivir como político.

Si algo ha caracterizado a López Obrador es su consistencia. Como jefe de Gobierno primero, como candidato presidencial después y hoy, como líder de un movimiento cuyos límites desconocemos porque como él lo ha dicho llegaremos "hasta donde el pueblo quiera". En cada caso, en cada situación, ha despreciado la racionalidad democrática. En cada caso se ha colocado fuera, contra o por encima de las instituciones. En cada caso la estrategia ha pagado.

De López Obrador puede decirse que no es un demócrata. No sólo porque no acepta la derrota sino porque no acepta ni las reglas ni los límites que la democracia impone a la racionalidad política: los de las reglas del juego, los de la deliberación, de las alianzas y de la toma de decisiones por mayoría.

Hoy es la clausura del Congreso, pero ayer fue el plantón de Reforma y antes de eso el bloqueo a San Lázaro para impedir que Fox rindiera su Informe, el desacato a diversas sentencias judiciales, el cierre del instituto de acceso a la información, la utilización clientelar de los recursos públicos, la entrega de contratos al margen de la normatividad o la no publicación de las leyes emanadas de la Asamblea del Distrito Federal. Todo en nombre de la defensa de los intereses del pueblo.

Puede escatimársele lo que se quiera pero no su habilidad política. Habilidad para presentar su causa, para controlar a su partido, para eludir la ley, para hacerse de recursos, para fijar la agenda.

Su comportamiento es racional. La probabilidad de éxito de su estrategia es alta y el riesgo de las represalias, bajo. Si algo le dejó el desafortunado episodio del desafuero fue la impunidad. Después de ese fallido intento nadie se atreve a tocarlo. Ha aprendido que puede violentar las instituciones y subvertir el Estado de derecho sin consecuencias.

A estas alturas resulta ingenuo creer que López Obrador y los legisladores que obedecieron la orden de tomar la tribuna estén medianamente interesados en un debate amplio y plural para llegar a la mejor alternativa de reforma a Pemex. Menos aún que estén dispuestos a aceptar el producto de la voluntad de la mayoría parlamentaria. Su propósito es seguir existiendo políticamente. Baste recordar aquella respuesta llena de cinismo pero también de verdad cuando se le preguntó el por qué de los plantones de Reforma al Zócalo y sin rodeos contestó: "si no estuviéramos en Reforma, ya no existiría políticamente". Lo mismo ocurre ahora, clausuro el Congreso porque quiero seguir existiendo. Conjuga mejor el verbo amagar que el de dialogar.

El debate exigido tiene propósitos muy distintos: exhibir el músculo, demostrar quién manda en su partido, mantenerse en el escenario público, refrendar el desprecio por las instituciones, llegar al 1o. de septiembre sin reforma.

Pero si sus acciones se inscriben en una nítida racionalidad política, no puede decirse lo mismo del resto de las fuerzas políticas que se dejan amagar una y otra vez. Cuál es la racionalidad que lleva a que 590 legisladores se dejen amagar por 38; cómo explicar que los presidentes de las Cámaras no hagan uso de sus facultades para restablecer el orden en sus recintos, cómo comprender que la mayoría de la fracción perredista se deje amedrentar por ser llamados cobardes o traidores, cómo entender que el partido permita la violación de su normatividad interna, cómo justificar que la autoridad siga permitiendo el desafío a las instituciones y la ruptura del Estado de derecho.

¿Nadie les ha dicho que el ABC de la negociación indica que "primero te bajas de la tribuna y luego negocio" porque eres tú y no yo el que está fuera de la legalidad? Por lo visto no. Se acepta cualquier condición: el debate en los términos impuestos por ellos, la cancelación de las sesiones hasta que acabe el periodo ordinario, la promesa de que no se discutirá la reforma petrolera en un extraordinario, la institución de la figura de referéndum.

Se dice que la racionalidad de AMLO es "cortoplacista" pero que los mexicanos lo castigarán en las urnas. Que según las últimas cifras de Consulta Mitofsky hoy sólo el 15 por ciento votaría PRD y sólo el 13 por ciento de la población se identifica con el perredismo. Pero este argumento sólo se sostiene si seguimos pensando en la lógica y en las armas de la democracia y está claro que ni ésa es la lógica que mueve a López Obrador ni ésas son las armas que va a utilizar.

4 comentarios:

Roberto Mendoza dijo...

No queda mucho más que decir.

A veces creo que en el fondo, AMLO es un hombre profundamente convencido de su verdad y de sus convicciones, pero está tan convencido, que está dispuesto a pasar por encima de la mayoría de la población si es necesario, porque sólo él sabe lo que es mejor para el país.
En otras ocasiones pienso que, a pesar de haberlo negado, no es más que un "vulgar ambicioso" de poder.

Quién sabe, el hecho es que los resultados son los mismos.

jesus garcía dijo...

http://iblnews.com/view.php?id=498457

El Agüelo dijo...

Yo tengo una teoría "izquierdista" AMLO es la herramienta definitiva para acabar con cualquier asomo de una izquierda seria en México, cuando menos en el sentido de una fuerza política organizada y que cuente con el apoyo legítimo de una parte de la población.
Pero también puede ser que sea un ser humano muy enfermo, que obviamente no distingue entre lo que le conviene a el, a su partido político, y mucho menos a nuestro país, y piensa trastocar toda lógica y toda congruencia con tal de crear el discurso que lo mantenga en el poder. Ya que aunque no sea el presidente del país, esta gozando de un gran poder y sin ninguna de la presiones, ni tener que responder a todo el sistema institucional al que el presidente real le tiene que rendir cuentas.
Esto esta mal.

El Duende Callejero dijo...

Interesantes opiniones las aquí vertidas. Sin embargo el tema, más que una placenta mediática en la que, al parecer, todos tienen algo qué decir; se constituye como ese claro reflejo de lo dicho hace tantos, tantos años... Como hasta esas "manifestaciones" (no cometeré el error de Felipe Calderón al tildar al movimiento con entendibles adjetivos), también forman parte de la democracia, nos guste o no, entonces cierto es que la democracia es el menor de todos nuestros males.