24.8.07

Las batallas silenciosas de Carlos Reygadas

1. La primera escena es contundente. Una advertencia, acaso. Una mujer hermosa fela a un hombre, para decir lo menos, feo. Primero lo vemos a él, su cara. Luego a ella, el revés de su cara, la cabellera enmarañada. [Aquí arriba puede verse a los protagonistas, los actores no profesionales Anapola Mushkadiz y Marcos Hernández.] La cámara se mueve hasta que vemos el perfil de ella, pero no su boca en el pene de él. De pronto, un corte sutil, un puente que nos lleva a ver la felación desde el costado de él. Creemos, brevemente, que la escena, literal introducción a Batalla en el cielo (2005), de Carlos Reygadas, no será explícita. O más explícita. Sin embargo, aquello en lo que, quizá pudorosamente, confíamos, es vencido por la engañosa cámara, que, tras otro sutil corte, se ubica, cenital, desde la mirada del hombre felado y nos deja ver su pene, gordo como él, dentro de la hermosa boca de ella, los ojos y la pequeña, bella nariz nos miran de frente. Corte a negro, títulos de entrada y comienzo de la película. A esta altura de la batalla, los que se sintieron provocados u ofendidos ya habrán dejado la sala. No nos molestarán con sus suspiros de asco o incredulidad ante lo que sigue. Y lo que sigue, aunque grotesco, no es provocador. Ni pretencioso. Es, en una palabra, humano. Y, en otra, deliberadamente inverosímil. O no. Pero eso, en realidad, no importa. Importa todo lo demás. Es decir: la película. Que es, con mucho, una de las mejores del cine mexicano reciente (y de las últimas dos o tres décadas).
2. Antes de Batalla en el cielo, Japón (2002), el renombrado debut de Reygadas (ciudad de México, 1971), film que obtuvo la Cámera d'Or en Cannes (su segunda batalla fue nominada a la Palma de Oro, debe anotarse). Refugiado bajo el seudónimo de Darío Lapi, escribí en una añeja edición de la revista La Tempestad (número 30, mayo-junio de 2003): "[En México] El llamado cine de arte parecía superado (o vencido). Sin embargo, con la aparición de la ópera prima de Carlos Reygadas, Japón, renace la idea de un cine mexicano de corte exquisito. Si bien Reygadas filma a ratos con cierta torpeza y candidez, es indiscutible que Japón merece el premio que se le otorgó." Al final de la nota condenaba a Japón de bucólica ad nauseam y celebraba la secuencia conclusiva de la película, notable recreación de un accidente de tren, en el que la cámara sigue, silenciosa, las vías, y muestra el callado saldo de la catástrofe. Quizás entonces me venció la impaciencia (aunque no la inverosimilitud del encuentro sexual entre un pintor de 40 y pocos años y una anciana de un pueblo-oasis de Hidalgo; insisto: Reygadas es un maestro de la "realidad metafórica", por decirlo de algún enrarecido modo); ahora, intentaré contemplar Japón con otros ojos, en espera de la sonada Stellet Licht/Luz silenciosa (2007), si bien recuerdo con nitidez el momento en el que la vi por vez primera (y única) en compañía de mi hermana –recuerdo todo lo que me hizo sentir la película: una calma, deslumbrada perplejidad ante el desde entonces silencio luminoso de Reygadas–, lo mismo que me viene a la memoria el momento en el que me refugié tras el nombre de Darío Lapi y escribí la breve nota crítica que, hoy, firmaría con mi nombre, como hago con ésta.

3. Alejado del trío galaxia del nuevo cine mexicano (y, sobre todo, en las antípodas de las producciones del "búfalo" bicéfalo del Alí Babel y el Cazador Cazado, es decir, el Negro Iñárritu y el sin apodo Arriaga, que confunde bisonte con un animal que sólo existe en inglés), Reygadas es la anomalía, autor único dentro de un cuarteto en el que, desde este lado de la trinchera artística, sobran tres. Pero no los confundo más con mi fallida aritmética y regreso con mi tardía crítica a Batalla en el cielo, que entre más la recuerdo más bien me hace sentir. Pasada la felación inicial, entendemos que Marcos y su esposa sin nombre secuestraron a un bebé. Marcos es chofer de un general, cuya hija es Ana, la feladora, una prostituta de la alta sociedad (secreto, claro, que sólo conoce el ensimismado Marcos). Todo esto, sin embargo, es intrascendente. Habrá más sexo, sí, muy explícito: veremos a Marcos embestir por detrás a su esposa, aún más fea que él. Veremos también a Marcos embestir por detrás a Ana, quien sonreirá y dirá "Cálmate, Marcos" (¿o es "No tan fuerte, Marcos"? Lo que sea: sobran las palabras, sigamos con lo que veremos). La veremos a ella, hermosa, encima de él, luego a su lado, como puede contemplarse aquí arriba. Habrá close-ups de los genitales de ambos. Y habrá, más allá de la intimidad de los cuerpos, el encuentro epifánico de Marcos con no sabemos bien qué –un absoluto, Dios o higher power, siempre silencioso–, primero en las alturas de un cerro desde el que se ve, lejanos, nuestro par de volcanes nacionales, luego enmascarado y amarrado tras llegar de rodillas, sangrante, a la Basílica de Guadalupe, decidido a entregarse a las autoridades, en el sentido más amplio de la palabra. Veremos también escenas barrocas de nuestra barroca ciudad, estampas notables de las clases bajas y las pudientes. Veremos todo eso y, de nuevo, los cuerpos que se encuentran de nuevo, uno para asesinar al otro, la sangre derramada. Y, al final, de nuevo, el encuentro del principio: la felación, ahora sí del todo explícita y, comprendemos, en una suerte de limbo celestial, acompañada de palabras de afecto: "Te quiero, Marcos" y "Te quiero, Ana". Corte a negro. Títulos finales. El silencio. Ese silencio siempre luminoso de Carlos Reygadas, nuestro auteur único. [Continuará...]

[PS. Aquí debe anotarse que intenté rentar Batalla en el cielo en el Blockbuster de la colonia Nápoles. Me dijeron que no estaba a la renta, aunque yo la había visto en la pared de cine de arte no hacía mucho tiempo. Me dijeron que estaba a la venta. Pregunte la razón de esto. Me dijeron: "Es que nadie la renta." Indignado, incluso aún antes de verla, la compré. 99 pesos. Los vale enteros; y más.]

7 comentarios:

Guillermo dijo...

�Ya me puedo ir?

David Miklos dijo...
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David Miklos dijo...

Me podré ir cuando acabe la nota. Puse que continuará.

harmodio dijo...

A mí también me gustó mucho Batalla en el Cielo. Me pareció que había una gran influencia de Tarkovski, y nunca imaginé que una gasolinería de Pemex pudiera ser filmada con la misma belleza que una datcha rusa. También me gustó la crudeza con que se toma por los cuernos un problema crucial en México, y del que somos poco conscientes: el racismo (y sus derivados: clasismo, discriminación, pinche negro naco, tiene novia de ojo claro, etc.) La mamada me parece un paréntesis entre el "dixit" (lo dicho) del autor: la obscenidad no radica en la mamada misma, sino en que (¡oh, transgresión!) suceda entre dos personas pertenecientes a castas sociales distintas (¿cómo se la puede mamar a ese nacazo?). Yo también creo que mamársela en público sería menos indecente que ser discriminado por motivos raciales frente a una disco.

Alberto dijo...

Hola, David. Un saludo. Se agradece que el texto (ademas de lo indicado por Harmodio) desmarque a Reygadas del presunto "dream team" del cine de acá...

Frutero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
David Miklos dijo...

Salud, Harmodio; salud, Chimal. Gracias por pasearse por aquí.