18.12.08

Porca miseria


[El texto que comienza acabado el corchete lo mandé a la redacción en línea de Letras Libres. Pretendía ser un añadido a la nota de Antonio Ortuño, "Implacables pero ineptos", y a la discusión que ésta provocó. Sin embargo, a nuestros amigos liberales no les interesó. Adujeron que "el tema de los posts sobre la crítica se agotó con la discusión en la nota de Ortuño". Según yo, esta entrada va de otra cosa, pero bueno. Aquí se las dejo, con la imagen de Sophia Loren y su mama, resultado de una búsqueda de imágenes en Google con las palabras porca miseria.]

Hace algunos días leí una entrevista a Daniel Sada aparecida en Reforma y firmada por Jorge Ricardo. La primera declaración del escritor, o bien, la declaración que el reportero eligió para abrir su moderadamente tendencioso reportaje era, de entrada, provocadora, aun insólita: “Yo quisiera ser como Dan Brown”. Ya luego, claro, la explicación, la resolución del misterio: el deseo de Sada no era el de escribir su propio Código Da Vinci, sino el de gozar de los beneficios de ser un escritor de best sellers, todo esto sin dejar de escribir como ahora escribe (es decir, con la voluntad y el ánimo de un clásico redivivo). Nada más genuino y nada más cierto: cualquiera que escribe quisiera, sin más, vivir de su oficio sin mayores distracciones ni malabarismos laborales --una utopía, pues--, más allá de los designios de la veleidosa posteridad.

Pero no.

Las quejas de los escritores son proverbiales y, no me queda la menor duda, datan del comienzo de la literatura y el nacimiento de Job y de Odiseo, entre el cruel silencio de Dios y el seductor canto de las sirenas. Hoy, claro, las letras se han mediatizado ad nauseam y el mercado, siempre pedestre y secular, ha tratado de confundirlo todo, ya se sabe, en aras de vender más por menos. En la entrevista mentada, Sada se quejaba, también, de dicho mercado, de la literatura que no trasciende y se vende sin mayores atributos, etcétera. Sin embargo, la elocuente rabieta de nuestro escritor es más válida que cualquier discusión sobre si tal o cual generación de escritores de tal o cual país subdesarrollado tiene peso o es pura carne de mercachifle.

Hace varias entradas, en este blog [es decir, el "Blog de la redacción" de Letras Libres] discutían Antonio Ortuño y Rafael Lemus sobre el estado de la crítica en México, asunto que derivó, como ya había sucedido antes y, entonces, con la excusa de la aparición de la antología Grandes Hits de Tryno Maldonado (publicada este año por Almadía), en la hasta ahora inocua diatriba sobre la poca calidad literaria, libresca o lo que sea de las obras publicadas por narradores mexicanos nacidos en la década de los setenta. Los comentaristas --críticos, escritores, polemistas natos, moralistas, árbitros de buena fe o meros espectadores aburridos y con ánimo de trifulca-- no tardamos en llegar al blog a vertir nuestras propias quejas, a lanzar pedradas y/o a dar puñaladas traperas, atraídos por el hedor de la novedad resobada (y no, claro, por el derrotero de la aún nonata teoría crítica mexicana del nuevo milenio), así como por la mera necesidad de desfogue decembrino.

Al final de una serie de días, por supuesto, la discusión Ortuño versus Lemus versus anexas no llegó a parte alguna y, pronto, más notas y comentarios novedosos fueron apareciendo en el blog, fechando el súbito pasado del inacabado diálogo entre la crítica y la narrativa actuales de nuestro país, dejando una estela de nombres nunca grabados en piedra. ¿No será que todo es prematuro, aún? Seguramente. Pero la discusión me animó a escribir esta nota, detonada por las sabias, dolorosas palabras de Daniel Sada, inconforme con su estatus de gran autor marginal de culto, esa contradicción fruto de la imponderable, confusa dialéctica entre el mercado y la crítica.

Gustos aparte, la literatura más reciente que se nos ofrece emperifollada y lista para usarse --desde la novela de folletín hasta el Boom y sus secuelas, por decir algo-- es más fruto de las triquiñuelas del mercado y el canto de sus sirenas lelas que de la canonización de la crítica y las lecciones de los que nos leen. ¿Se le acusa al escritor de querer convertir su opus magnum en un producto vendible por millares y, acaso, millones? ¿Es condenable el deseo de acceder no a un nicho letrado, culto y pordiosero sino a una gran masa lectora y anónima, mediatizada y con poder adquisitivo? Grandes preguntas, grandes misterios.

17 comentarios:

pablo dijo...

El nivel del diálogo en LL fué bastante bajo, lleno de juicios expetivos, aunque siempre es gracioso leer a la gente e imaginarlos aventandose zapatos(ahora q está de moda)...ni hablar. Creo que sería más interesante discutir la sustancia de lo que se publica en México (o en español en general) y no que sea o no un bestseller.
abrazo
pablo meyer

Revista Shandy dijo...

Un buenísimo texto, David. Yo pensé que sí lo publicarían, pero me doy cuenta de lo vulgares que son con su censura. Sí, bien aludidos que se sintieron. Y sus políticas de restricción, como si ellos tuvieran la posibilidad de decidir cuándo termina una discusión, ni que fuera un debate zodiacal. A estas alturas, este tipo de actitudes solamente provocar náusea. No más.

efg dijo...

Coincido con Pablo... Aunque a mí más que risa, lo que este tipo de discusiones me causa es tristeza...
Coetzee dice en Diary of a Bad Year que la historia de la música es en gran medida la historia de los sentimientos, del alma humana (en un sentido más metafísico que religioso), y que hay cosas de nuestra historia en ese sentido que se han perdido para siempre, de ahí la bajísima calidad de la música actual... Ya no somos capaces de evocar dichos sentimientos, los hemos despreciado tanto que al final los perdimos.
Lo mismo, creo, ha sucedido con el resto de las artes.

David Miklos dijo...

Queridos Pablo, Franco y Elizabeth,

es cierto: el nivel de diálogo en Letras Libres fue bastante bajo, amén de improductivo. La discusión no llevó a parte alguna y todo se limitó a lanzar y recibir zapatazos. Fue todo una mala (o excelente) función de luchas libres (el público al cuadrilátero, sillas y puñales en mano), jamás una pelea de box. Puro cuerpo, pura víscera y, en efecto, poca alma. Creo que la discusión sucede en varios niveles que se confunden y la vuelven yerma. A saber:

1. Están las obras de los narradores nacidos en los setenta. Para discutirlas, habría que leerlas, no despreciarlas de entrada y hablár más del autor que del texto en sí.

2. Está la crítica realizada por autores nacidos en los setenta, muchos de ellos también narradores. Hay dos muy visibles: Rafael Lemus, que sí ha atendido, bien o mal, la obra de escritores mexicanos nacidos en los setenta; y Heriberto Yépez, que simplemente ha aparecido, según él políticamente correcto y alérgico a las reyertas, a dar sus lecciones últimas. Claro, sin mencionar las obras leídas (ver su texto más reciente en Laberinto de Milenio, aparecido hoy, sábado 20 de diciembre).

3. Están las voces dispersas de los narradores y ensayistas en las páginas de las publicaciones periódicas, más allá de los libros. ¿Hay sustancia allí? ¿Hay un proyecto? ¿O dichas colaboraciones, esporádicas o periódicas, son parte de un proyecto literario en sí, que se transformará (o no) en libro?

4. Está la relación de los narradores y críticos con el mercado editorial literario. ¿Por qué se publica lo que se publica y se rechaza lo que se rechaza? Es una pregunta que nadie parece atender a fondo. Además, siempre ignoraremos la obra rechazada, salvo que proceda de un autor cercano. Juzgar, aquí, es difícil. Hace una crítica implicaría leer TODO lo que escriben los narradores, visibles o no, nacidos en la década de los setenta.

5. Finalmente, están los "críticos" espontáneos, los que, por tal o cual motivo, lanzan sus comentarios, muchas veces anónimos, en los foros de discusión visibles, como el de Letras Libres. ¿Qué buscan cuando opinan, muchas veces con un conocimiento de causa nimio, exangüe, vacuo, superficial? Creo que buscan ser vistos (y al mismo tiempo no, porque se ocultan bajo la cómoda sombra de lo anónimo). Y reclaman que la mejor literatura es la que no se publica, la imposible de criticar, etcétera.

Antes de declarar muerta a una "generación" crítica y narrativa, habría que esperar el dictado del tiempo, ¿no creen? En fin, cinco ideas, aquí arriba, a desarrollar. Ya veremos si a alguien le interesa, realmente le interesa, hacerlo.

Abrazos para ustedes tres,

David.

Oscar dijo...

¿Te gustó el chilón de anoche?

David Miklos dijo...

¿Y a ti el queso de la cabra?

Oscar dijo...

¿Y a ti mis higos maduros?

David Miklos dijo...

Basta, Óscar: la gente pensará que estamos enamorados.

Guillermo Núñez dijo...

Yo sí creo que están enamorados.

Guillermo Núñez dijo...

Me da gusto por ustedes :)

efg dijo...

Creo, David, retomando el anzuelo que lanzaste, e interrumpiendo el intercambio epistolar erótico anterior, que esta suerte de ansia por ser criticados ahorita, o mañana, en el blog de LL, tiene que ver con una certeza escondida, no muy bien escondida, he de apuntar, de que lo que se escribe, de que lo que se hace no vale mas que para este preciso momento, esta exacta coyuntura.

Hace poco, en la presentación de una revista, uno de los presentadores dijo algo así como que "las causas de la revolución mexicana no son las que se dicen que fueron, por lo tanto no hubo revolución mexicana, y por lo tanto, no es factible que haya otra"; tras el shock que esta declaración provocó, alguien de los presentes se preguntaba, en privado, desde qué disciplina era que este "analista político" había analizado las causas, desarrollo y consecuencia de la revolución según él inexistente, ¿desde la historia? ¿desde la economía? ¿desde la política? ¿cuál era el criterio que había utilizado para llegar a esa conclusión? Mi respuesta fue que el problema era que el análisis lo estaba haciendo desde su especialidad: el periodismo.

Para el periodista, lo que importa es lo que pasó hoy (en el caso de bloggers o periodistas en línea) o ayer (medios tradicionales), y el contexto se limita, en general, a esta semana, este mes. Desafortunadamente para los periodistas, y afortunadamente para el arte, éste último sienta sus mismas bases en una historia que tiene milenios de antigüedad. Y cuyos juicios requieren de espacios temporales que para el periodismo son impensables.

¿Estoy diciendo que todos deberíamos esperarnos a escuchar el juicio de la historia para decir, fulano o zutano es bueno? No, mi punto es que gastamos demasiada energía tratando al arte como si se tratara de la noticia del día, y lo que es peor, una vez que uno entra en esta dinámica, comienza a tratar a la obra propia como si fuera la noticia de que Miss Sinaloa es narcotraficante. Como si su vigencia fuera para hoy, mientras que al mismo tiempo dictamos juicios del estilo "revolucionará el mundo de (______)" (favor de poner en el espacio en blanco su disciplina artística favorita).

En fin, que muchos artistas son muy buenos periodistas.

Matt dijo...

Elizabeth (efg): y muchos no practicantes ni conocedores de las ciencias sociales son muy buenos opinadores contundentes sobre temas que no son el día a día y que exigen formación e información especializadas de las que carecen –son personas que se dejan llevar por sus opiniones “pre” sin tener conocimiento de causa de lo que opinan. Suena bien eso de meterse en cualquier tema, pero no es muy bueno. Así, estoy de acuerdo con tu comentario, salvo en la parte en que hablas de la revolución mexicana. Ahí cometes el mismo pecado que denuncias. Tú no eres ni analista política ni historiadora (visité tus blogs, y, claro, leí tu comentario). Tampoco una conocedora de las investigaciones de quienes sí lo son, ni de sus herramientas. Es obvio. Si lo fueras, sabrías que en efecto la revolución mexicana (RM) no es lo que se dice que fue, la RM que enseñan en las escuelas y de la que habla el PRI no existió. No sé si eso fue lo que dijo el presentador y tú lo olvidaste o no comprendiste. No lo sé. Tal vez quiso decir lo que estoy diciendo yo ahora. Tal vez no lo dijo así. Tal vez sí y tú malinterpretas. Tal vez él no captó del todo el texto del que estaba hablando en la presentación (¿de qué revista, por cierto?). En ese último caso, el problema sería de la expresión del presentador, no de la tesis base, mucho menos del autor o autores “presentados”. Lo cierto (lo es y se sabe, aunque muchos no lo digan y muchos más lo ignoren) es que no hubo RM en los términos de la historia que tú “conoces”. Como eso es lo que “conoces”, y no la mejor historiografía ni el mejor análisis político al respecto, te produce shock una afirmación así. Como a muchos. El problema está en que desde una posición de ignorancia todavía te das el lujo de indignarte y juzgar con fuerza. No debes hacerlo, pues no tienes elementos. ¿Por qué no argumentas y pruebas que esa RM tuvo las causas que dice la historia oficial y que, por tanto, sí existió como quiere? ¿Por qué no demuestras que quien o quienes implicas que están mal en verdad lo están? Hubo movimientos armados (revolucionarios) y procesos de cambio político-social posteriores a Porfirio, claro; me parece (aun sin haberlo escuchado; me baso en tu cita) que el presentador no niega eso, eso que no es lo que se maneja generalmente como RM. Por facilidad podemos agruparlos para denominarlos así (RM) pero la sustancia histórica real y sus conexiones y sus resultados particulares y generales y agregados son algo diferente a lo que dice la historia oficial. No hay esa unidad revolucionaria entre movimientos y sí muchas divergencias, oposiciones y contradicciones entre ellos. Hay muchos momentos y cortes varios dentro del periodo que se ha dado en tener como de la RM; y lo popular como origen de lo revolucionario es ficticio, no se trata de un levantamiento generalizado de los pobres en contra de los malos (quien eso cree nada entiende), ni modo, hay que decirlo. Ni qué decir que hay enormes zonas del país donde prácticamente no pasa nada “revolucionario”. Además, Elizabeth, te metes con el presentador, no con el autor del texto o libro (bueno, si haces eso último, tendrías que meterte con más de uno que en verdad investiga y sabe). ¿Cómo es que estás tan segura de lo que crees? ¿Desde dónde sacaste tu conclusión? ¿Desde el interés por alguna forma de arte? ¿Del placer de la escritura literaria?
Soy historiador. No me gusta el ruido. No soy joven. Es mi primer y último comentario en el blog del señor Miklos. Por todo eso no voy a poner mi nombre. Tengo algo que ver con una revista con la que también tiene que ver el autor de este blog. Lo mío es la Historia, no la literatura. Vengo a este blog a leer lo que otros hacen –y que creo que hacen bien-, porque me agrada, me relaja. No tengo otro interés. En el camino, me topé con el comentario de Elizabeth. Meto la cuchara porque comentarios así meten ruido al blog, lo sacan de lo suyo, que tan bueno es. También porque se comete un error y es importante que ese error deje de cometerse. Como ve Elizabeth, ahí hay un problema. Espero que Elizabeth deje de contribuir a él, sobre todo ya que lo tiene identificado para otros y ahora, espero, para ella misma.
Repito que no pongo mi nombre porque no me interesa ni promocionarme ni llamar la atención, ni entrar en “discusiones” gratuitas. Tampoco quiero darle un golpe a Elizabeth, ni a nadie. No lo estoy haciendo. No estoy molestando, estoy argumentando. Digo todo esto porque he visto en blogs que los legos se arrebatan y atacan con singular alegría en los comentarios, todos se la pasan calificando y descalificando sintiéndose los entendidos que no son. Así como yo no ataco, no estoy a dispuesto a que me ataquen porque sí. Disculpen, pero soy de otra generación.
Saludos cordiales.

drfloyd dijo...

lei el articulo en hermano cerdo, asi que vengo llegando a este rincon que no conocia.
Saludos.

pablo dijo...

Bueno pues parece que una vez más es difícil quedarse con el tema de la literatura...pero la discución es interesante indeed, con el intercambio amoroso, casi murikamesko, de david y guillermo...Te gusta Murakami david? una cierta persona que tiene que ver con Istor me pegó el virus...Hablando de la RM esa misma persona escribió hace por lo menos 30 años un libro haciendo una interpretación diferente a la oficial. Alguna lección de ese libro es que una revolución es muchas veces impredecible, y por lo tanto decir que no habrá más se me hace a lo mucho ...temerario.

Volviendo a la literatura, me gusta–David– tu separación minuciosa quasi entomológica, y concuerdo en que los nacidos en los 70s aún no hemos recibido el veredicto final, aunque por ahora planee el adjetivo de mediocres. Leí la hermana falsa con mucho gusto estas vacaciones.
un abrazo!

bibliotecario falso dijo...

bueno dejo un pequeño comentario viendo que la revista que, coleccione y deje de hacer por falta de empleo ahora a muerto pero como muchas cosas en este milenio sobrevivira y estara ahi en este medio llamado blog o podcast sea el caso, bueno un saludo y una peticion al escritor de este blog y editor de cuaderno salmon, si pudiera darse el tiempo de revisar un pequeño blog que escribo bajo el seudonimo de "falso biblotecario" esperando que haga una critica.
bueno un saludo y mis condolencias por la muerte de cuaderno salmon.

mi_coco dijo...

Me quedé con las ganas de leer mas cuaderno salmón... ayer fui a una libreria del icocult pero me dijeron que habian retirado el producto. Me quede con el uno y el dos... hay alguna manera de que consiga el resto?

Gracias!

J. F. Guíxols dijo...

Realmente bueno...