16.8.08

9 de agosto de 2007 o Asia in 2.0

El nueve de agosto de 2007, hace un año casi exacto y con 37 recién cumplidos el día anterior, no conocí a Aurelio Asiain –aún no lo conozco, salvo de manera virtual: somos amigos en Facebook–, pero si lo vi en la inauguración de su exposición de fotografías japonesas (la que ilustra el arranque de estas líneas es una de ellas: "Namboku Subway Line, Hongkomagome Station, Ceiling") en la Casa de la Cultura "Jesús Reyes Heroles", sita en la calle de Francisco Sosa, Coyoacán. Fue Luigi Amara quien me sugirió que asistiera, dado que yo buscaba un reseñista para Zugzwang, un libro póstumo de Luis Ignacio Helguera, y ambos pensamos en que Asiain era uno de los candidatos naturales para hacerlo.

Llegué temprano a la inauguración, mucho antes de que la sala se abriera al público, y, de pronto, me sentí indispuesto. Aun así, espere a que se nos permitiera ver las fotos, las vi y me fui sin pedirle la reseña a Aurelio, quien en realidad estaba demasiado ocupado.

Meses después, supe que esa noche, la noche de aquel día de indisposición, tampoco (re)conocí a MP, quien hoy, ahora, escribe junto a mí su versión de estos mismos hechos. Ella estuvo allí, en la Casa de la Cultura "Jesús Reyes Heroles", pero llegó horas después de que yo me fuera, cuando la inauguración llegaba a su término.

Esto lo sé, claro, porque MP misma me lo contó cuando recapitulábamos, una vez más, los hechos de nuestro conocernos. Y es que MP y yo nos conocimos hace más de una década, hace 12 o 13 años, allende 1995 o 1996, cuando ella trabajaba para una editorial y yo me iniciaba en el mundo de las presentaciones literarias. Pero nada, hace una década ni ella reparó en mí ni yo en ella y nuestro vínculo fue breve y meramente profesional.

(Permiso para un paréntesis. Si hago memoria, pienso que, como el título del libro de Luis Ignacio, en aquella época me encontraba en una especie de zugzwang existencial:

Cualquier movimiento que hiciera sobre el tablero de mi vida, entonces, sólo empeoraría mi situación, precaria a partir de la velada en la que presentara los libros que MP me hizo llegar. Pero esa es otra historia y aquí no nos ocupa, así que salgámonos de este paréntesis.)

Volví a ver a MP en la lista de amigos de mi amigo FG en, sí, Facebook (y, lo confieso, pensé que estaría casada con alguno de mis compañeros de secundaria, porque aparecía, también, en la lista de EO. Una foto en blanco y negro, en la que ella, muy guapa, mira a la cámara y más allá de la pantalla:

MP y su cara hermosa, la cara que, aquí a mi lado, mira su cuaderno y escribe palabras similares a estas mientras bebemos un mojito sin alcohol, un calimocho y un tinto de verano, sedientos en Pie de la Cuesta luego de un día de mucho sol y mucha comida y mucho estar muy felizmente juntos en la playa, ante el mar y las mantarrayas que, elegantes, se deslizan dentro de las olas y de pronto brincan, rompen la superficie del mar y regresan a las olas. [De esto hace una semana: ahora ambos transcribimos aquellas palabras, lejos del mar, de la playa y de las mantarrayas, pero igualmente y más felices, luego de comer en el Taro; de fondo, se escucha el Miles Smiles, del Miles Davis Quintet.]

Hay perros y hay niños en la playa, caballos y palomas, zanates, cangrejos ermitaños y gente cuya vida tratamos de adivinar: de dónde vienen, qué los vincula, a qué responde su comportamiento y demás, si se encuentran en zugzwang, en pleno enroque, a punto de coronarse o de decir jaque mate. Pensamos en qué pensarán ellos de nosotros, los que los miramos.

¿Imaginarán que llevamos ocho meses juntos, que el 2 de agosto celebramos nuestro primer beso y el 19 de julio nuestro (re)encuentro, que ella tiene dos hijos y ambos somos divorciados? ¿Pensarán que hemos decidido seguir cruzando umbrales juntos, hoy y mañana, ahora y pronto y más adelante, luego de que una serie de eventos deseados y afortunados se manifestaran? ¿Sabrán que no nos conocimos el 9 de agosto de 2007 en la exposición de Aurelio Asiain, desplazado de Japón a Coyoacán para mostrarnos sus imágenes?

Lo ignoramos. No nos importa, en realidad, lo que ellos, los vecinos de playa que nos miran escribir estas líneas, piensan de nosotros.

Nosotros nos miramos, sonreímos y nos besamos una vez. Otra vez más. Planeamos viajes juntos. Viajes cercanos, viajes lejanos. Queremos, sí, ir a Japón. Quizás allá, finalmente, ambos conozcamos a quien, lo hemos decidido, ya se suma a nuestra lista de padrinos. Beberemos sake y, salud, brindaremos con Aurelio Asiain.

Así MP y yo, así las cosas.

[La versión 1.0 de este texto fue escrita en el Vayma, Pie de la Cuesta, Guerrero, el 5 de agosto de 2008.]

12 comentarios:

Aurelio Asiain dijo...

Gracias, mil gracias por las menciones y los vínculos y las revelaciones. Yo también supe luego que no los había conocido a los dos, porque Luigi Amara me dijo vino Miklos y se fue, y Jorge Hernández Tinajero, ya al final de la inauguración, añadió te perdiste a María Terremoto. No conocí a la guapa y también me perdí el libro de Nacho, que dejé en manos de Jorge —parábamos en su casa— porque me iba a una cena y no quería cargarlo, y ya nunca recuperé. Voy a ver lo de MP.

David Miklos dijo...

De nada, Aurelio. ¡Y qué velocidad! Oye, ¿el Calamar es Jorge? MP y yo especulamos que sí: mi descripción de él coincide con el recuerdo de ella. Lo curioso: yo a Jorge sí lo conozco, hemos departido. En fin, este pequeño mundo. Aquí el vínculo a lo de MP, pero seguramente ya lo leíste:

http://mariaenpaz.blogspot.com/2008/08/sincronicidad-junguiana.html

La reseña de Zugzwang, finalmente, la hizo Eduardo Hurtado. La leerás ahora que te mande los Salmones a que remonten el Yodo.

Aurelio Asiain dijo...

Ajá, el Calamar es Jorge.

monserrat loyde dijo...

Se van revelando las identidades. Supe por el Calamar de las fotos de María Terremoto y que había ido a la inauguración.

JHT dijo...

Servidor y amigo.

Guillermo Núñez dijo...

No se pase por alto que Tokio ya no nos quiere, creo recordar, es una novela de Loriga. Y que la memoria como el perro que trae el palo equivocado esto, y que la pastilla para olvidar lo otro. No fue esa la que se presentó, ¿o sí? Ya sería mucho.

David Miklos dijo...

No, Memo, no fue esa, fue otra (aparecida cuando tú probablemente ibas al jardín de niños), bastante anterior. Ya sería mucho, sí.

Maria dijo...

Pido permiso para decir una barbaridad? O la digo así nomás?
Sé que no tiene nada que ver, y que QUÉ MALA PATA que me perdí la exposición de Aurelio Asiain, y que haber estado en Barra Vieja en ese momento no fue lo suficientemente cerca como para vivir con ustedes lo inolvidable, y que el Taro es mi restaurant japonés favorito, pero allá va otro comentario que nadie solicitó:
Tengan hijos! Muchos, muchos hijos!
Además de hermosos, probablemente serían encantadores, talentosísimos, increíblemente sensibles, presentes, auténticos, y la clase de seres humanos con la cual es URGENTE llenar a este planeta.
Con cariño,
Susanita (la de Mafalda, sí)

María (ahora en paz) dijo...

Mi querida María: Luego de cruzar el umbral de esta primera luna de miel que se antoja eterna, créenos, seguiremos tu consejo. Hay que tener muchas, pero muchas lunas de miel en la vida. De preferencia, una después de la otra.
MP
Vaquero: quiero sake y tequila, campari, midori, prozecco, ajenjo, anís, wodka, brandy de jerez, whisky, jerez, oporto y todas la bebidas internacionales contigo....

David Miklos dijo...

Justo hoy pasaba junto a La Naval y vi unas botellas de champagne que me hicieron ojitos, vaquerita... Todavía nos queda mucho por celebrar...

Mónica dijo...

Perdón por la intromisión en tan íntimos comentarios, pero verdaderamente da enorme alegría encontrar parejas felices, complicidades fraternales y asombrosas coincidencias en este pañuelo que es el mundo. Yo los conozco y admiro por su trabajo, conocí y estimé a Nacho, seguro tenemos algunos amigos comunes, y quizá algún día nos encontremos en un bar y hasta en la misma mesa...
Saludos a todos

Fernando dijo...

FG
Como le decía a MP muy divertido leyendo tanta sincronía y contento de ser parte de ella justo en este fin de semana que entiendo están instalados en tierra firme. Abrazo inmenso a los dos.