25.1.10

En las nubes

Yo también estuve allí, up in the air, allá arriba en el aire, entre las nubes, como Ryan Bingham, el protagonista de la película más reciente de Jason Reitman que aquí lleva el título, ridículo, de Amor sin escalas (es todo menos eso, Up in the air). Recuerdo dos etapas de mi vida en las que viaje mucho, tanto que aprendí a dormir a lo largo de un viaje trasatlántico entero, inmune a la turbulencia y a las múltiples molestias de la sección económica de los aviones (nunca, como Bingham, volé en primera clase o en business, salvo en una ocasión, de México a Buenos Aires, el traslado más cómodo de mi vida). Me gustaban, mucho, los aeropuertos. Era adicto a ese tiempo muerto, a esa acumulación de espera y de nada, a la embriaguez solitaria con cerveza en los bares sin atributos de las terminales aéreas, a la vista desde las alturas. No acumulé, como el personaje de Reitman, millones de millas, no: lo mío era abandonarme al limbo, algo parecido a la meditación o a un estado artificial de gracia. Eso sí, cuando viajaba mucho a Los Ángeles y me hospedaba en un reconocido hotel de Beverly Hills, en la recepción me recibían con un sonriente "Welcome Back, Mr. Miklos". Ya arriba, en la habitación, vaciaba el minibar de cerveza y me asomaba por la ventana a mirar el cielo angelino y la insinuación del centro de la ciudad, siempre más allá del paraíso en miniatura que me contenía. Llegué, sin embargo, a padecer aquellos viajes. Recuerdo la hora del desayuno, ensimismado ante unos huevos benedictinos perfectos, azorado ante la hoja en blanco de mi diario, la pregunta "¿Qué hago aquí?" resguardada en el tintero. Ahora, aterrizado, no acumulo más tiempo muerto. Ahora que veo a Bingham me reconozco en él y me despido. Mi vida es otra. Estoy aquí, en el puerto que comparto con MP, en espera de que nuestra pasajera esté ya entre nosotros.

4 comentarios:

Doug dijo...

Me imagino todo aquello era antes de que los aeropuertos se convirtieran en gigantescos centros de concentración y los aviones en cárceles aladas. Viajar ahora es el horror, mi estimado D, casi tan malo con quedarse encerrado en un cuarto con un fanático de DFW.

Hace tiempo viajaba yo también. No en esa escala, desafortunadamente. Me emborrachaba con vino servido en vasos de plástico y más. Pero bueno, felicitaciones por la entrada y por la pasajera en tránsito.

Un saludo,

María (ahora en paz) dijo...

No sé si lo vas a publicar, mi amor pero qué bien escribes... me cae. Me encantó esta entrada, independientemente de las referencias citadas. Te amo de amor, mucho, mucho, mucho.
No te preocupes por publicarlo que va a parecer guayabazo, sólo quería no dejar de decírtelo. Mchuick

Guillermo Núñez dijo...

:)

Mariana dijo...

oh! oh! lo mejor de lo mejor para ustedes. que la espera sea corta y las satisfacciones muchas. que las pocas horas de sueño no se lleven las sonrisas y que las sonrisas de ella se acurruquen en los ojos de ustedes.