2.11.09

Últimos días en Tlalpan

Uno cree que llega para quedarse y, al año, se marcha: adiós, centro de Tlalpan. Adiós rosas, camelias, violetas de gensiana, mandarinos. No tendremos jardín, ahora, pero sí una amplia terraza con un asador o parrillero, todo depende de en qué orilla del río de la Plata se ubique uno. La casa es más amplia, sí, con espacio para todos los que somos y A. que viene en camino. Dejaremos, pues, el sur profundo del Distrito Federal --o de la ciudad de México-- y nos moveremos un poco más al norte: Copilco el Bajo, prolongación natural de Chimalistac, nuestro destino. Esta pequeña casa se llena, nuevamente, de cajas: hoy le tocó el turno a los libros de MP (16 cajas) y a los libros y juguetes de los niños (5 cajas más varias bolsas, por ahora). Calculo el número de cajas que necesitaré para mis propios libros: más de 30. El horror. Como le decía a mi querido amigo O. --luego de una sugerencia suya--, me encantaría quedarme con 100 o con 22 libros y deshacerme del resto. Pero no. Ya se sabe: los demasiados libros son, serán, siempre, la tendencia. Es fascinante la capacidad que tienen los libros de reproducirse, para no hablar de los seres humanos. Un año en Tlalpan y no sé cuántos cientos de libros más. Un año en Tlalpan y, de pronto, A., cómoda aún en el útero de MP. Un año más y una perra más: Mina. Un año más y dos gatas más: Billie y Ella (Nina y Janis ya encontraron morada). También nos llevamos a K., que tanto bien llegó a sembrar en la casa. Nada cambia, sin embargo, y todo se transforma. Y algo no deja de ser curioso: el contrato de esta casa en la que terminamos de encontrarnos y de tumbar muros vence, sí señor, el 9 de octubre, a 20 años de la caída del muro de Berlín. Así las cosas (nunca mejor dicho).

3 comentarios:

costa sin mar dijo...

mudarse es raro

Trajesdedías dijo...

feliz muda andanza :D
un abrazo fuerte
su amigo
isaac g.

Doug dijo...

Buena suerte en la nueva casa, David. Salud.

D.