15.2.09

The Moviegoer, search, malaise

Termino de leer The Moviegoer (1961), la primera novela de Walker Percy. Me hice del libro hace varios años, un lustro acaso, y comencé a leerlo en el aeropuerto de Los Ángeles. Leí un buen tramo, pero lo dejé. Ya en México, intenté leerlo de nuevo. Lo dejé de nuevo. Y hace tres días lo tomé de la pila de libros en espera de ser leídos y lo atajé en tres o cuatro largas sentadas, un par de ellas a bordo del Metrobús. Lo terminé ayer por la noche, recostado en la cama. Me costó trabajo pararme de nuevo, tenía el cerebro revuelto con el corazón. Y con las tripas. Hace mucho que no leía un libro tan bueno, tan demandante, tan brutal. Es raro, hoy, encontrarse con libros verdaderos, libros de búsqueda. Percy publicó The Moviegoer a los 45 años. Antes de eso, estudió medicina. Y leyó mucho. Se volvió católico. Se casó (tuvo una sola esposa en toda su vida, un real católico). Tuvo dos hijas. Y un buen día se decidió por la escritura, la literatura por encima de todo. Y el pensamiento. Nada más que eso, todo eso. Escribió seis novelas y varios libros de ensayo. En 1962, obtuvo el National Book Award por The Moviegoer (Revolutionary Road, de Richard Yates, era una de las contendientes ese año). El eje de su escritura: la dislocación del hombre en el devenir cotidiano de nuestros días. Nada más vigente. Walker Percy nació en Birmingham, Alabama, en 1916. Su padre se suicidó; su madre se cayó, con todo y coche, de un puente. Huérfano, se mudó a Athens, Georgia; luego, a Greenville, Mississippi. Un autor del sur, como Faulkner, al que le debe mucho y al que, sabiamente, jamás intentó imitar. Un autor sito en la línea que separa la tradición (el sur) de la modernidad (América). Un escritor preocupado por creer. Un maestro, otro maestro desatendido en nuestras desaforadas latitudes tropicales, en donde se nos da mucho eso de perder el tiempo de manera inútil. Vaya una cita, una larga cita de The Moviegoer, Percy quintaesencial:
Today is my thirtieth birthday and I sit on the ocean wave in the schoolyard and wait for Kate and think of nothing. Now in the thirty-first year of my dark pilgrimage on this earth and knowing less than I ever knew before, having learned only to recognize merde when I see it, having inherited no more from my father than a good nose for merde, for every species of shit that flies--my only talent--smelling merde from every quarter, living in fact in the very century of merde, the great shithouse of scientific humanism where needs are satisfied, everyone becomes an anyone, a warm and creative person, and prospers like a dung beetle, and one hundred percent of people are humanists and ninety-eight percent believe in God, and men are dead, dead, dead; and the malaise has settled like a fall-out and what people really fear is not that the bomb will fall but that the bomb will not fall--on this my thirthieth, I know nothing and there is nothing to do but fall prey to desire.
Walker Percy murió en 1990, en Covington, Louisiana.

5 comentarios:

María (ahora en paz) dijo...

En la búsqueda te encontré a tí. Yo te amo, siempre. Tu MP

David Miklos dijo...

Y yo a ti te amo, siempre: encontrada. DdeMP.

Doug dijo...

A ver si lo consigo. Un saludo.

David Miklos dijo...

No te lo pierdas, Doug. Por allí andará, en una versión decente en paperback. Salud.

Humberto Aguinaga dijo...

Yo también voy a buscarlo, mi querido David, cada vez estoy más interesado en los escritores norteamericanos, acabo de descubrir a Kurt Vonnegut y me encantó. Me propongo seguir con Updike, aquí lo tengo esperando en una pila parecida a aquella en la que estuvo The Moniegoer.